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En la intimidad, mi esposo y yo analizamos estos comentarios. ¿Por qué
causa tanta sorpresa nuestra relación? Debería ser no la excepción, sino la
regla entre las parejas de cristianos. Es una lástima que teniendo a su
alcance todo el potencial del amor sin límites que el Espíritu Santo imparte
a la vida del creyente, lo malgasten tolerando que su relación matrimonial
se desintegre y vivan solamente una apariencia. ¿Cuáles son los Sub-totales
de esta relación problematica? Estos son:
a) Los hijos desean salirse del hogar lo más pronto posible. En mi práctica
de consejera pastoral he tenido el honor de trabajar con muchos jóvenes.
Sus quejas son interminables: «Ya no aguanto a mis papás»; «Mi padre es
pastor, pero una cosa es en la iglesia y otra en la casa»; «¿Por qué me
exigen que me case con una chica cristiana si al fin al cabo da lo mismo una
cosa que otra?».
b) Estos matrimonios proyectan un pobre y raquítico testimonio al mundo que
les rodea. ¿Cuál es la diferencia entre una pareja de inconversos y una de
cristianos? El mundo no la ve.
c) Conduce a que los hijos formen hogares problemáticos continuando así la
cadena de fracasos.
El GRAN TOTAL es: Una iglesia débil y anímica, pues las familias, que son
las columnas de la iglesia, son débiles y anímicas.
II. Las presiones sociales a las que están sometidas las parejas hoy en día,
hacen que la consejería prematrimonial sea una necesidad. Por sociales, no
quiero decir económicas. Me estoy refiriendo al grupo humano que rodea a la
pareja, sea en un ambiente de aldea, pueblo o gran ciudad. Ese grupo somete
a la pareja a presiones. La pareja se siente obligada a cumplir con la
sociedad que la rodea, ya que en ese ambiente viven.
Analizando este punto, podemos decir que todos somos culpables. En muchas
iglesias encontramos falta de predicación sobre los roles en la familia, la
enseñanza de la Palabra de Dios sobre el sexo y la conducta que Dios espera
de sus discípulos en cada área de su vida. Tomemos por ejemplo la
fornicación. He observado que se predica en contra de ella, se explica al
grupo de jóvenes los peligros de tal conducta. Pero a la hora que una
pareja confiesa al pastor que necesita casarse, lo único que se exige hacer
a los novios es llorar un poquito ante la congregación pidiendo perdón ¡y se
celebra la boda a lo grande!. La iglesia permite que la novia use su
vestido blanco, que simboliza pureza y castidad y la familia puede hacer una
gran celebración, hasta un banquete. Estamos dando allí un doble mensaje a
nuestros jóvenes: «!No importa que forniques, es fácil que se te perdone y
todo arreglado!».
En este aspecto la consejería prematrimonial debe ser una herramienta para
advertir a la pareja sobre los peligros que corren de pecar contra Dios y
principiar su matrimonio en pecado. 15 ó 20 años después ellos, como
padres, no deberán exigir a sus hijos una cosa que ellos mismos no
cumplieron.
La pareja experimenta presión de tener una relación sexual pues todos sus
amigos lo hacen y ellos no quieren ser raros. Esa es la influencia que
están recibiendo, no sólo de sus amigos, sino sobre todo de los medios de
comunicación y a veces aún del ambiente familiar: tíos, primos, etc. No se
les enseña cómo manejar esa avalancha de pasión física que están
experimentando. Alguna respuesta debe haber. No es posible que Dios les
exija una cosa, sin darles la puerta de salida (1 Co. 10:13).
En un país latino que visitamos, el líder de una denominación nos comentaba:
«Estamos muy tristes pues durante este año, nuestro pastorado ha casado 500
parejas en diferentes iglesias de nuestra denominación y hemos comprobado
que el 85% de ellas ya iban con embarazo». Si a ese pastor le dolía el
corazón, ¡cuán contristado debe estar el Espíritu Santo!
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